Desde hace un par de décadas se vienen implantando, al principio con carácter experimental, y últimamente a mayor escala, sistemas que permitan la ejecución de labores de riego de un modo programado y remoto (telemando).
En instalaciones individuales se ha logrado con éxito, a través de programadores de riegos. Sin embargo, cuando el regadío forma parte de una red colectiva (un titular del agua que lo distribuye y entrega a numerosos usuarios, como es el caso de las comunidades de regantes), las aplicaciones de telecontrol se suman a las de telemando, para configurar las utilidades que se piden a una automatización de riegos.
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De acuerdo con las áreas agrícolas que se encuentran en el territorio español, se obedece a distintas necesidades, a veces más sociales (envejecimiento de la población,...) a veces más económicas (escasez de mano de obra, alto valor añadido del producto obtenido,...) o incluso medioambientales (uso de agua de baja calidad, riesgos de salinización de suelos...) a la hora de establecer la conveniencia de establecer un telecontrol de los riegos.
Como resultado del análisis, se encuentran las siguientes razones para justificar la implantación de la automatización y el control remoto:
- en riegos bien dotados, a la demanda. Por la progresiva disminución de la mano de obra, envejecimiento de la población, el telecontrol viene a dar respuesta a la progresiva carencia de mano de obra, y posibilita mantener la actividad del regadío (que en su carácter multifuncional han de colaborar a la fijación de población, conservación del paisaje, etc)
- en grandes Comunidades de Regantes. Por la necesaria adjudicación analítica de costes vinculados al uso del agua. Ayuda a la mejora de competitividad, a facilitar la planificación y ejecución de labores de mantenimiento de la infraestructura.
- en riegos infradotados: para poder optimizar el momento de disponibilidad de agua, a través de la utilización de las 24 horas del día para regar. Cumple así el regadío sus propósitos de flexibilidad y equidad, equilibrando las condiciones de trabajo, en principio más adversas que en los regadíos bien dotados.
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